La progresiva penetración de la población civil
industrializada en la Región, en procura de la ejecución de
programas de desarrollo, la pone en contacto con los grupos autóctonos que
allí habitan. En algunos casos, el nuevo "colono"
llega a ocupar las mismas tierras que antes acupaban los
indígenas, quienes emigran o, en algunos casos, al intentar adaptarse a
las formas
de vida de la población civil, constituyen con frecuencia núcleos
de marginalidad. Este proceso contribuye a la desaparición
progresiva de las
tradiciones de los grupos primo-ocupantes. Los conflictos originados por esta
penetración se agudizan si las distribuciones de tierra entre
la población no indígena se hacen con la finalidad de
explotación de minerales. Enfrentar este problema requiere complejos análisis ecológicos,
antropológicos y socioculturales basados en el respeto a
los valores de los grupos humanos, y en la búsqueda de soluciones de compromiso
que pueden comportar la renuncia, por parte de la sociedad industrializada, a
sus pretensiones
de desarrollo cuando éste sea destructivo de otras culturas o del entorno ambiental.
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