sábado, 11 de agosto de 2018

CONTAMINACIÓN ATMOSF´RICA


La contaminación atmosférica en la Región )roviene de dos importantes focos: la industria y as quemas de vegetación. La primera se con-:entra en los sectores de desarrollo específico le esa actividad, principalmente en los alrede­lores de Ciudad Guayana. Las quemas de vege­ación, en cambio, cuando son por obra del iombre, obedecen a la práctica de tala y quema .omo método de despeje y renovación de errenos en la agricultura tradicional de conucos. iste procedimiento es común en los grupos )emones, habitantes de grandes extensiones lel sureste del Estado Bolívar. La quema tradicional practicada en la agricul­tura tiene el inconveniente de dispersar a la atmósfera gases piroleñosos y otros provenientes de la combustión, así como partículas vegetales calcinadas, que enturbian el aire y tienden a acumular calor.

Más grave es la contaminación ocasionada por la industria. Entre los principales contami­nantes gaseosos emanados de las instalaciones fabriles están el dióxido de carbono (CO2), los óxidos de nitrógeno y de azufre, los hidrocar­buros, el ozono (Os) y los compuestos de cloro y fluorocarbono, además de partículas sólidas dispersas. Estas emisiones, si se producen en grandes cantidades, pueden ocasionar cambios atmosféricos importantes. El dióxido de carbono (CO2) y el óxido nitroso (N20), por ejemplo, permiten la penetración de los rayos solares hasta la superficie terrestre, pero minimizan su escape a los estratos superiores de la atmósfera, generando así el llamado "efecto invernadero", fenómeno de acumulación de calor que con­tribuye al aumento de la temperatura tanto en el microclima local como a escala planetaria. Las concentraciones de dióxido de azufre (S02) en el aire pueden reaccionar con el agua de lluvia (H20) y el oxígeno atmosférico (02) generando ácido sulfúrico (H2SO4), compuesto constitu­yente de la denominada "lluvia ácida", fenó­meno que afecta la calidad de los suelos y las aguas, y a las formas de vida en general, a veces con muy amplio alcance. Se estima que a partir del foco de dispersión de Ciudad Guayana, los efectos de una lluvia ácida de ciertas propor­ciones podrían alcanzar las plantaciones de pino caribe al sur de los estados Anzoátegui y Mona-gas. La contaminación por partículas emanadas a la atmósfera es otro de los factores de riesgo potenciales para la salud de las poblaciones vecinas a los centros industriales, ya que puede ocasionar diversos trastornos, incluyendo pro­blemas cancerígenos y respiratorios.

viernes, 10 de agosto de 2018

ALTERACIONES SOCIALES

CONTAMINACION SON/CA
Se habla de "contaminación" sónica cuando ay una exposición a elevados niveles de ruido urante un período de tiempo determinado. Las Itensidades de sonido muy altas, sobre todo si aperan los 80 decibeles, pueden ocasionar iversos trastornos en el organismo, desde la '5rdera temporal hasta la sordera permanente, el tiempo de exposición es prolongado, ade­iás de problemas de orden nervioso.
Las personas más afectadas por este tipo de ›ntaminación son los empleados u operarios
industrias con altos volúmenes de ruido. Las )rmativas industriales y legales prevén la debida otección contra niveles muy altos de sonido,
í como limitaciones en los períodos de expo­,.,
:ion.
CONTAMINACIÓN POR DESECHOS SÓLIDOS 
La eliminación de desechos requiere el cum­miento de un conjunto de normas sanitarias ra evitar la aparición de brotes epidémicos. La rmativa está destinada a prevenir la aparición ámbitos donde puedan proliferar insectos o ?.dores que sirven de agentes de transmisión
enfermedades. De igual manera se hace cesada la implementación de programas de ucacíón ambiental, orientados al control y el en manejo de desperdicios.

Los conflictos sociales en la Región pueden agruparse en dos categorías: demanda de servi­cios públicos, y afectación de tradiciones y culturas indígenas.
DEMANDA DE SERVICIOS PUBLICOS

Todo déficit de servicios públicos acarrea una serie de problemas de salubridad y nivel de vida, principalmente en las áreas marginales que tienden a surgir en torno a los centros poblados de mayor auge económico e industrial. La mar­ginalidad es resultado de una población migrante incapaz de integrarse al proceso productivo, que, al concentrarse alrededor de los centros de producción, ocasiona una demanda de servicios superior a la que la red urbana está en capacidad de suministrar, resultando en el deterioro pro­gresivo del nivel de vida general (más grave, desde luego, en las -áreas marginales) y en la aparición de múltiples problemas ambientales. En Guayana, la CVG y otros organismos contri­buyen con las instancias nacionales a fin de prevenir o mejorar esta compleja situación.

jueves, 9 de agosto de 2018

AFECTACIÓN DE TRADICIONES Y CULTURAS INDIGENAS

La progresiva penetración de la población civil industrializada en la Región, en procura de la ejecución de programas de desarrollo, la pone en contacto con los grupos autóctonos que allí habitan. En algunos casos, el nuevo "colono" llega a ocupar las mismas tierras que antes acupaban los indígenas, quienes emigran o, en algunos casos, al intentar adaptarse a las formas de vida de la población civil, constituyen con frecuencia núcleos de marginalidad. Este proceso contribuye a la desaparición progresiva de las tradiciones de los grupos primo-ocupan­tes. Los conflictos originados por esta penetra­ción se agudizan si las distribuciones de tierra entre la población no indígena se hacen con la finalidad de explotación de minerales. Enfrentar este problema requiere complejos análisis eco­lógicos, antropológicos y socioculturales basa­dos en el respeto a los valores de los grupos humanos, y en la búsqueda de soluciones de compromiso que pueden comportar la renuncia, por parte de la sociedad industrializada, a sus pretensiones de desarrollo cuando éste sea destructivo de otras culturas o del entorno ambiental.

miércoles, 8 de agosto de 2018

ASPECTOS HISTORICOS DE LA REGION




La Región de Guayana ocupa casi la mitad de Venezuela, y es la tierra más antigua del conti­nente sudamericano. Con una edad geológica aproximada de 3.500 millones de años, el paisa­je que conforma ha experimentado, desde lue­go, algunos cambios. Dos millones de años atrás, por ejemplo, el Orinoco no tenía la trayectoria que posee actualmente. De acuerdo a los indi­cios geológicos disponibles, desembocaba por donde lo hace hoy el Unare y luego fue decli­nando hasta entrar en reposo recostado sobre las rocas del Escudo Guayanés. Esto hace supo­ner que el Orinoco moderno, el de la línea sinuo­sa que va de Caicara hasta el Delta, debe tener entre 10 y 17 mil años aproximadamente, la mis­ma edad que se dice tiene la aparición de los pri­meros habitantes de Guayana.

martes, 7 de agosto de 2018

EL PASADO INDIGENA


Los restos culturales más antiguos de Guayana han sido ubicados en el Caroní medio y zonas del norte de la Gran Sabana. Las llamadas culturas cerámicas, Arauquinoide y Barrancoide, florecieron, la primera hace cuatro mil años, en la región que ocupa Caicara del Orinoco,exten­diéndose hacia otros sitios de Venezuela, y la segunda mil años después, en el delta del Orinoco. Luego de la llegada del conquistador emigraron al sur.
Cuando los conquistadores comenzaron a penetrar la Guayana encontraron una tierra virgen con diseminados focos de cultura en las cuencas de los ríos. Culturas distintas a la suya en religión, modos de producción, gobierno, organización social, arte, creencias y costumbres (si bien, co­mo hoy reconoce la moderna antropología, no por ser distintas eran inferiores, aunque así les pareciera entonces a los recién llegados). Había ventajas prácticas, indudablemente, en la cultu­ra que venía de Europa, como el uso de la mone‑

da y el sistema de navegación. Los hispanos sur­caban las aguas en grandes veleros mientras los indios apenas dominaban la técnica de la curiara. Aquéllos eran diestros en el manejo de armas como la espada, la lanza y el mosquete en tanto que el indio lo era con la flecha y la macana. El modo de producción del indio se basaba en la pesca, la caza y la recolección en forma de trabajo y disfrute comunitario, mientras los his­panos practicaban el mercantilismo y usaban en pastoreo y agricultura métodos más productivos que los rudimentarios del indio guayanés.
El indio tenía, empero, una alta valoración de su cultura y una conciencia clara de su libertad y sus derechos, de manera que cuando el euro­peo perdió la perspectiva y violentó la generosi­dad del indio, estalló la guerra entre quienes pretendieron adueñarse de la nueva tierra im­poniendo su cultura y métodos de explotación propios y quienes habían llegado allí miles de años antes que ellos.
En el momento de la llegada del conquista­dor a Guayana la cultura indígena poseía un ni­vel de complejidad menor a la de los chibchas, incas, aztecas o mayas, consideradas tradicio­nalmente como las más avanzadas de América. Diseminados en las cuencas de los ríos de toda Guayana (Bolívar, Amazonas, Delta Amacuro) se hallaban los grupos de indios Auakes, Calianos, Shirianos, Yaruros, Sálibas y Guaraúnos, y, muy cerca, los Otomacos en la región llanera.
Los grupos étnicos todavía existentes más an­tiguos de la Región, sucesores del hombre vene­zolano que vivió hace más de 20 mil años cazan­do animales como el gliptodonte y el megaterio, son los Waraos del Delta, los Sanemá o Yekwanas llamados también Waicas, los Guajaribos o Sha­rishanas que viven en el alto Orinoco y en casi todos los afluentes superiores, y los Yanomami en la Sierra de Maigualida, todos ellos con una antigüedad, comprobada por indicios arqueoló­gicos, de unos 4 mil años. En orden de antigüedad siguen los Arawacos -3 mil años- en río Negro y Guainía, agricultores e inventores de la cerámica, representados por los indios Báriva, Curripacos y Piapocos, entre otros. El gran pueblo Caribe, predominante en casi todo el Estado Bolívar, es más reciente. Llegó unos siglos antes que los españoles y se halla actualmente representado por los Pemones en la Gran Sabana, los Kariñas en la zona de Moitaco, los Panare y Mapoyos en zonas del bajo Caura y Chuchivero, y los Makiri­tares en el alto Caura, Erebato, Ventuari, Padamo
y alto Orinoco. Todos los representantes Caribes tienen en común unas raíces lingüísticas seme­jantes, ricas y muy expresivas, diseminadas por la mayor parte de la topografía de Guayana. Su cultura y su filosofía del mundo y de la vida son totalmente distintas a las de las etnias más antiguas.
En resumen, la población indígena de Guayana pertenece en su mayoría a la llamada cultura de bosque tropical suramericano, basada principal­mente en la práctica cíclica y rotativa de la caza, la pesca, la recolección y la agricultura conuque­ra. Su organización social está regida por las rela­ciones de parentesco y sus sistemas económicos están orientados hacia la autosustentación, ba­sados en un modo de producción y consumo comunitario e igualitario, y en la división del tra­bajo por edad y sexo.


lunes, 6 de agosto de 2018

COMIENZOS HISTORICOS

La historia de Guayana comienza el primero de agosto de 1498 cuando el Almirante Cristóbal
Colón, en su tercer viaje, observa por primera vez las costas de América, pertenecientes a la Región, y se detiene bajo la inspiración de especulaciones míticas frente al encrespado estuario del Orinoco, que equipara a algún extraño río del Paraí­so:
"Grandes indicios son éstos del Paraíso terrenal, porque el sitio es conforme a la opinión de esos santos y sanos teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamas leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así dentro y vecina con la salada..."
Dos años después de Colón, el explorador y navegante Vicente Yáñez Pinzón aportó datos importantes al geógrafo e historiador italiano Pedro Mártir de Anglería, cronista real y miem­bro del Consejo de Indias, para confeccionar el mapa de 1511 donde aparece por primera vez el gran río, que habría de convertirse en la principal vía de penetración de los conquistadores por es­ta Región de tupida selva tropical.
El Orinoco, eje fluvial de Guayana y Vene­zuela, era una realidad apenas evidenciada en el mapeado abanico de su estuario. Descubrir la magnitud de su existencia, empresa por demás ingente y comprometida, fue lo que realizó en­tre 1531 y1532 Don Diego de Ordaz. Estevino a ser el primer español en penetrar y explorar el Orinoco más allá de la desembocadura del Ca­roní, vale decir, hasta el río Meta. También había sido este hombre, decidido y temerario, el pri­mero en subir hasta el cráter de un volcán en erupción, el Popocatepetl, durante la conquista de México y el que hizo rendir al valiente Guati­mozín, último emperador azteca.
La voz ¡Uayana! ¡Uayana!, que escuchan los españoles en la algarada de los aborígenes que habitaban la zona de confluencia del Orinoco con el Caroní, habrá de convertirse para el mun­do en el nombre de Uayana o Guayana, que de­signa este inmenso territorio donde la Naturale­za recrea la fuerza eterna de su existencia.

Los Capitanes Alonso de Herrera y Gerónimo de Ortal, herederos de las capitulaciones de Or­daz que había sido envenenado durante el tra­yecto Santo Domingo-España, continúan pene­trando y explorando la Guayana a través de sus ríos principales. También Alonso de Herrera mo­rirá atravesado por las flechas envenenadas de los indios después de haber remontado cien ki­lómetros del Meta.

domingo, 5 de agosto de 2018

EL DORADO ATRACTIVO DE LA CONQUISTA


Las expediciones por estas tierras desconoci­das para el Viejo Mundo tenían como atractivo inmediato no sólo adquirir posesiones para en­sanchar los dominios de la Corona imperial, sino extraer las riquezas de fácil explotación que pu­dieran encontrarse en ellas, como era el caso de los placeres perlíferos de Cubagua o el oro que los alquimistas de la época ansiaban lograry que parecían prometer nuestras tierras de cultura pri­mitiva. El reino español, agotado a la sazón por su larga guerra contra los moros, estaba urgido de riquezas , y riquezas doradas había de veras por donde cruzan tantos ríos y se levanta un mar de selva. La vieron los hispanos de muestra y re­galo colgando en los collares de los aborígenes o de alguna otra manera en sus anchos, redon­dos y copudos bohíos.
Pero aquellos castellanos, que desconocían la lengua de estos pueblos extraños, desespera­ban. Picados por la ambición, querían saber el origen de las pepitas doradas, de los cochanos que, en su fantasía, debía haber en abundancia en estas tierras. Los indígenas así lo daban a en­tender. Y no engañaban. De cierto que oro ha­bía y ha existido siempre en Guayana. Los natu­rales no sabían explotarlo y trabajarlo; simple­mente lo hallaban al azar en sus correrías de caza o cuando salían a recolectar cosas y frutos para el hogar. Lo hallaban destellando a la luz del sol cuando los ríos descendían de sus periódicas crecidas.
Si los hispanos hubieran sabido de los place­res eluviales y aluvionales y de los métodos de nuestros mineros actuales para extraerlos, les habría sido fácil encontrar su sueño de El Dora­do, pero fantasearon demasiado y cada vez se les hizo más imposible el Lago de Guatavita o el de la Parima. Manoa fue cada vez más ignota y remota, como el maravilloso país de los Omegas que rutilaba con luces amarillas a la distancia porque el oro cubría el lecho de sus ríos y lagos como arena.

Tras el espejismo de las riquezas arcanas que costó sangre, vidas y ruina tanto de los indígenas como de los mismos conquistadores, salieron hasta consumirse en el fracaso expediciones co­mo la de Diego de Ordaz y Alonso de Herrera-Or‑

tal; como la de Alfinger, Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastián Banalcázar, Federmann Hutter, Walter Raleigh y Antonio de Berrío.