domingo, 22 de julio de 2018

LOS HIWI O CUMBO

Los Hiwi (como se llaman a sí mismos) o Guajibo representan otro grupo étnico impor­tante de la Región de Guayana. La primera descripción de este grupo la ofrece Federmann, a raíz de su encuentro con ellos cerca del río Meta en 1538, al referirse a su vida nómada, de gente andante por las sabanas de los Llanos, viviendo de la cacería y de la recolección.
El nomadismo de los Hiwi llevó a los cronistas de la época a compararlos con los Gitanos de Europa. El territorio Hiwi, tanto en aquellos tiempos como en la actualidad, ocupaba toda la región de los Llanos en Colombia, entre los ríos Arauca y Meta, en el norte, y el río Guaviare en el sur, hasta las riberas del río Orinoco en el este, y los Llanos occidentales del Estado Apure. A partir del siglo XIX los Hiwi empezaron a seden­tarizarse por la adopción de la agricultura y, especialmente desde la década de los 50, se han ido asentando en las sabanas a orillas del Orino­co, en el Territorio Federal Amazonas, levantando numerosas aldeas en la angosta franja fronteriza que se extiende desde más arriba de la boca del río Vichada y la Isla Ratón hasta Puerto Ayacucho.
La movilidad legendaria de los Hiwi se ha podido observar en lo últimas dos décadas fuera de su territorio tradicional, por la emigra­ción de algunas comunidades hacia el este,
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hasta la orilla del río Manapiare, subiendo por el alto Ventuari en el Territorio Federal Amazonas, y el desplazamiento hacia el norte por el río Orinoco, en el Estado Bolívar, desde la boca del Meta hasta el río Villacoa y, últimamente, al este del río Caura.
El Censo Indígena de 1982 enumeró un total de 6.400 Hiwi en la Región de Guayana: 5.747 en el Territorio Federal Amazonas, y 653 en el Estado Bolívar. Esta población se concentra en poblados ubicados a lo largo del eje carretero El Burro-Puerto Ayacucho-Samariapo-Venado y, también, en unos 20 barrios de Puerto Ayacucho donde residen alrededor de 1.000 Hiwi. De este modo la población Hiwi es a la vez rural y urbana. Los asentamientos rurales varían consi­derablemente: desde un simple rancho hasta caseríos modernos de viviendas rurales, con escuelas y dispensarios, algunos de los cuales, como Coromoto, La Reforma, Pato Guayabal y Morrocoy (en el río Manapiare) tenían más de 200 habitantes para el Censo de 1982.
Actualmente, las comunidades Hiwi siguen practicando su agricultura tradicional en los bosques adyacentes a las sabanas, basada prin­cipalmente en el cultivo de la yuca amarga para la elaboración de mañoco y casabe, los dos componentes básicos de su dieta que comple­mentan con los productos de la cacería, pesca y recolección .En sus conucos se observan también cultivos menores de batata, caraota, ají, piña,
caña de azúcar, tabaco y algodón. A estos cultivos tradicionales se añaden hoy dos cultivos comerciales: el maíz y el arroz, que los Hiwi producen para el mercado regional, con los que se han convertido, conjuntamente con sus veci­nos Wótuha, en los mayores proveedores de alimentos vegetales consumidos en Puerto Aya­cucho. Los Hiwi juegan también un papel im­portante en la producción de artesanía tradicio­nal y turística vendida en esta ciudad capital del Territorio Federal Amazonas.

Los Hiwi constituyen, además, un elemento importante en el mercado laboral de la Región, tanto en calidad de obreros agrícolas en los fundos agropecuarios y en la cosecha de algodón en el Orinoco, como en el sector urbano, donde su mano de obra es muy solicitada. Indudable­mente, el hecho de que hoy los Hiwi sean todos bilingües, facilita su inserción en la actividad económica, así como su participación en la vida política y cultural de la Región.

sábado, 21 de julio de 2018

LOS WOTUHA O PIAROA


Los Piaroa o Wótuha (como ellos se autode­nominan, o también De'aruwa: "dueños de la selva"), constituyen otro de los grupos étnicos más importantes de la Región de Guayana. Sus comunidades se ubican principalmente en las regiones boscosas y accidentadas del norte del Territorio Federal Amazonas: en la amplia cuenca del río Sipapo y sus afluentes Cuao, Autana.

Guayapo, lo que conforma el centro y gran parte de su territorio; junto a los ríos Cataniapo y Samariapo, y por las riberas del río Orinoco en el oeste y el sur; y en el este por el medio y bajo río Ventuari (territorio en parte habitado por el subgrupo Wiru o Maco). El territorio Wótuha se extiende hacia el norte abarcando la región del río Parguaza y la Sabana de Cardona en las cabeceras del río Suapure, pertenecientes al Estado Bolívar.
Los Wótuha son conocidos desde la Colonia, especialmente desde el siglo XVI II cuando los Jesuitas, a partir de sus misiones en el Orinoco, penetran en su territorio y publican las primeras descripciones de los "Piaroas". Los Wótuha vivían entonces bastante ocultos en sus selvas, alejados de los ríos para evitar su captura por los indígenas Caribes, quienes remontaban en sus canoas el Orinoco y sus afluentes en busca de esclavos destinados al comercio con los holan­deses. Este mismo patrón de asentamiento Wótuha se mantuvo hasta finales del siglo pasado y primeras décadas de éste para escapar a la explotación brutal de los caucheros.
Hoy en día, la población Wótuha probable­mente alcance la cifra de 9.000 personas. En el Censo Indígena de 1982 se enumeraron 7.030 Wótuha: 5.660 en el Territorio Federal Amazonas y 1.370 en el Estado Bolívar, repartidos en 158 comunidades. En esa fecha se pudo constatar el proceso de expansión de estos indígenas hacia el Orinoco y hasta los barrios de Puerto Ayacu­cho, fenómeno que se había iniciado en la década de los 60. Este proceso no se ha deteni­do, como tampoco el crecimiento de algunas comunidades que superan los 200 ó 300 habi­tantes, como Tierra Blanca, Pendare del Pargua­za, Betania de Topocho, Limón de Parhueña y Caño Grulla; ello a pesar de haberse ido redu­ciendo paulatinamente el número de viviendas tradicionales Wótuha, la hermosa churuata có­nica denominada itso'de, presente actualmente en apenas el 15% de sus comunidades, según el Censo de 1982.
Estos cambios en el patrón de asentamiento de los Piaroa: la sustitución de la churuata comunal por caseríos cada vez mayores de viviendas unifamiliares, con frecuencia del mo­delo nacional de vivienda rural, así como su tendencia creciente a aproximarse a las grandes arterias fluviales como el Orinoco y el Ventuari, y el incremento observado en su proceso de urbanización, es decir, de mudanza a Puerto
Ayacucho, revelan el fenómeno de aculturación que actualmente experimenta esta etnia.
Los Wótuha vivían anteriormente en churua­tas. Cada comunidad, bajo la dirección de su líder, el ruwan, levantaba una churuata para albergar a todos sus miembros, generalmente un pequeño grupo de familias extendidas cuya población no rebasaba los 60 habitantes. En ella, y alrededor de la misma, los Wótuha celebran todavía hoy su impresionante y rico ritual anual, el warime, la mayor expresión cultu­ral y simbólica de su etnia, con sus enmascara­dos, sus cantos y el variado repertorio de su música instrumental. La churuata era (y, todavía en parte, es) el único asentamiento permanente de la comunidad, ubicada en medio de un extenso territorio selvático en el que la subsis­tencia depende de la agricultura, cacería, pesca y recolección. La agricultura de tala y quema, caracterizada por conucos rotativos cercanos a la churuata, produce mayormente yuca amarga, base de la dieta Wótuha, que generalmente rallan para consumirla en forma de casabe y mañoco. Otros cultivos, de menor importancia, son la batata, ñame, ocumo, auyama, plátano, cambur, piña, caña de azúcar, y algodón. La caza y la pesca se practican especialmente en los meses de verano, cuando acostumbran mar­charse de la churuata durante cortas temporadas para acampar en la selva; mientras la recolección de frutos silvestres tiende a concentrarse en los meses de invierno.
En la actualidad, el sistema de subsistencia tradicional Wótuha se conserva en gran parte de sus comunidades, a pesar de las modificaciones producidas por su gradual participación en la economía de mercado de la Región a través de la comercialización de productos agrícolas y silvestres, artesanía, canoas, etc. El incremento en la demanda local de productos alimenticios y forestales, aunado a la riqueza forestal y minera de la Región, deja prever una mayor intervención futura en el ecosistema que los Wótuha supieron explotar durante tantos años en forma sostenible.
U ltimamente, el reciente desarrollo del tu­rismo en el territorio Wótuha, que puede consti­tuirse en una nueva alternativa o complemento de su economía, no es siempre percibido por ellos como una actividad beneficiosa, por lo que muchas de sus comunidades han expresado rechazo y levantado barreras a la forma en que el turismo se lleva a cabo, lo que requerirá, pues, una reconsideración y un nuevo y mejor enfoque.


viernes, 20 de julio de 2018

VALORES CULTURALES

La Región de Guayana, al igual que otras de Venezuela, es rica en tradiciones y manifestacio­nes artísticas, tanto de la cultura de nuestros antepasados como de la moderna y contempo­ránea.
Entre las tradiciones vivas más importantes destacan sin duda los característicos carnavales de El Callao y la espectacular pesca de la zapoara en el Orinoco, frente a Ciudad Bolívar.
Los Carnavales de El Callao, lo mismo que la Navidad, el Año Nuevo y días patronales de Nues­tra Señora del Carmen, son animados por una danza y música de percusión que tienen ritmo y sabor propios, suerte de mezcla de calipso anti­llano con merengue venezolano en la que inter­vienen el tambor, el bumbac, el rallo y la campa­nilla.

Ambalicailá, Bloody Man Down... Al ritmo del calipso calloense van cantando las tradicionales comparsas que tuvieron su máxima expresión en el arte musical de la Negra isidora, recordada cantora popular y entusiasta organizadora de es­tas fiestas.

jueves, 19 de julio de 2018

LA PESCA DE LA ZAPOARA


... Y así como en El Callao, propios y extraños del lugar se contagian con el ritmo y el frenesí de reminiscencias atávicas despertadas por la dan­za, en Ciudad Bolívar el pueblo se entusiasma con otra fiesta, natural y espontánea, que tiene al Ori­noco como escenario durante el mes de agosto: la pesca de la zapoara (Semaprochilodus laticeps), pez de exquisita carne, plateado, cuneiforme, que no muerde anzuelo y al que hay que capturar con atarraya, afincado el pescador en el malecón bolivarense o en el banco de proa de las decenas. de curiaras indias que durante la temporada sur­can el río desde la alborada hasta el atardecer.
La zapoara tiene leyendas. Una de ellas, refe­rida por Rómulo Gallegos en su novela Canaima, es que el forastero que la come se queda para siempre en tierra orinoqueña casado con una guayanesa.

Las tradiciones citadas, parte importante c la cultura guayanesa, son relativamente redel tes en comparación con las manifestaciones artí ticas ancestrales de los petroglifos, la pintura n pestre y la alfarería.
Los petroglifos o piedras grabadas que se el cuentran en Guri (muchos de ellos extraídos lugar para evitar que quedaran sumergidos pc el lago artificial de la represa hidroeléctrica; vé. se La generación de energía hidroeléctrica: "Opa ración Rescate"), en Caicara, El Callao, La Candelaria y otros lugares, contienen figuras geométricas, antropomórficas y zoomórficas, a las que s atribuyen motivos religiosos propios de los antiguos pueblos animistas. Se piensa que alguna de las figuras posiblemente simbolizan las deid, des que, en la mitología de los primitivos poblé dores de Guayana, habitarían el paisaje circundante.
En la Cueva del Elefante, cerca de Ciudad Guayana, se encuentran pinturas rupestres consideradas como las más antiguas manifestacion€ artísticas de Venezuela, y en el bajo y medio Orinoco los arqueólogos han extraído interesantes elementos de cerámica o alfarería del tipo barranncoide, arauquinoide y saladoide, que puede verse en museos y colecciones privadas de Guzyana y el resto del país

miércoles, 18 de julio de 2018

MUSEO ETNOGRÁFICO DE GUAYANA


Inaugurado en julio de 1988, el Museo Etno­gráfico de Guayana se dedica a la investigación, conservación y difusión de las culturas autóctonas de la Región. Distribuida en múltiples grupos sociales con diversas características lingüísticas, económicas y culturales, la población indígena de Guayana, actualmente en número de unas 90.000 personas, conforma el 50% de la de todo el país, siendo su patrón básico de subsistencia la recolección, la caza o la horticultura.
El Museo presenta en exposición permanen­te una colección de más de doscientas piezas de cestería y tallas en madera, relativa a las distintas etnias, y organiza además, periódicamente, ex­hibiciones de colecciones particulares o de in­tercambio con otros museos, y eventos como vi­sitas guiadas, talleres y seminarios. Su centro de investigaciones posee una biblioteca de más de 820 obras especializadas.
Los principales materiales empleados en la confección de piezas son bejucos, fibras y hojas vegetales. Los tintes y esmaltes, también de ori­gen vegetal, provienen de la corteza de árboles o de hojas de plantas. Los dibujos geométricos se logran al intercalar en la manufactura fibras de diversos colores. Es notable la destreza y ha­bilidad técnica que evidencian las piezas pre­sentadas. En ocasiones se emplean también ma­terias primas no tradicionales, como hilos indus­triales, producto de un estado de transición cul­tural entre la elaboración artesanal clásica y la inserción en el mercado de consumo. Este fenó­meno se evidencia principalmente en las comu­nidades indígenas que están en mayor contacto con la población industrial y con las misiones ca­tólicas y evangélicas de la zona. Una de las tareas del Museo Etnográfico es la preservación de los valores artísticos y culturales de estas comunida­des en proceso de asimilación e intercambio con la sociedad occidental.Un segundo Museo Etnográfico que lleva el nombre de Museo Misionero "Crisanto Mata Coya" fue creado en la Casa Hogar Santa Inés de Ciudad Bolívar en agosto de 1989, y en él se ex‑
, hiben permanentemente materiales artesanales de los Warao (Delta), Panare (Caicara), Kariña (Moitaco), y Yanomami (Amazonas) entre otros.



martes, 17 de julio de 2018

MUSEO GEOLÓGICO Y MINERO


Siendo Guayana una región minera por exce­lencia y, geológicamente, la más antigua del continente, no podía faltar un Museo de esta índole.
El Museo Geológico y Minero fue creado en 1970 en el Campo Norte de las instalaciones de la Universidad de Oriente, en La Sabanita.
Este Museo exhibe permanentemente unas 3 mil muestras de rocas y minerales de Venezue­la y el mundo, además de los implementos, equi­pos y sistemas utilizados a través del tiempo para la prospección, exploración y explotación minera. Posee secciones de Mineralogía y Petrología, de Paleontología y Geología Histórica, de Minas y de Recursos Naturales de Venezuela.

La función del Museo, adscrito a la Universi­dad de Oriente, es docente, formativa y divulga­tiva, no limitada a estudiantes sino extensiva a toda la comunidad en general y al turista, tanto del propio país como del exterior.

lunes, 16 de julio de 2018

MUSEO DE CIUDAD BOLÍVAR



A la entrada del Museo hay dos petroglifos de más dos mil años de antigüedad. En la horna­cina de la fachada puede verse una hermosa ima­gen en cerámica de Santo Tomás, realizada por la artista María Luisa Zuloaga, y en el zaguán una pintura de Oswaldo Vigas: "Orinoco" la cual fi­guró en la Bienal dé Venecia en 1962.